Thursday, December 23, 2004

Moraleja: la belleza exterior no refleja el interior

Antes de hablaros sobre la historia de las cartitas en la cual quedará patente la maldad de Heather, os contaré este corto relato que aconteció un dia cualquiera de aquel verano, para que conozcais un curioso aspecto de esta psico-girl.
Estaba yo hablando por teléfono con mi padre, una hora deseada por mi como si fuese tan valiosa como el oro. En aquel lugar lejano de mi querida tierra, viviendo con dos cabrones, en mitad de un lugar donde toda persona era un falso, y teniendo en cuenta que era la primera vez que salia de mi casa, la llamada de mi familia era como una luz en un negro agujero, como un oasis en mitad del vasto y feroz desierto. Por eso cuando hablaba por teléfono nada podía perturbar mi estado mental, nada podia turbar mi concentración en lo que estaba haciendo. En mitad de la conversación con mi padre, salió Heather de la ducha, envuelta en una toalla, y se puso en el sofá a peinarse su lago, liso y rubio pelo mirándose en el típico espejito redondeado de mano. Se quitó la toalla y dejo su bonita espalda desnuda. Allí estaba ella, desnuda de hombros y espalda hasta la cintura, dejando los contornos de sus curvas pectorales a plena vista, era la belleza personificada, y daban ganas de sacar un lienzo y liarse a pintar, o sacar una cámara de fotografía y liarse a echar fotos, e incluso daban ganas de bajarse los pantalones y liarse a... bueno, ¡que corra vuestra imaginación!. Resulta que el sofá en el que ella se estaba peinando coincidia con la línea de visión que mis ojos perdidos en el infinito proyectaban mientras hablaba con mi padre. Ni siquiera me había dado cuenta de que se había quitado la toalla de la espalda. Yo sólo hablaba y hablaba... En un momento dado yo enfoque mis ojos hacia ella, como el que mira a una pared, o como el que mira a un objeto sin vida, y contemplé la belleza. Sólo fue una fracción de segundo, pero en el momento en que enfoque mis ojos, Heather me estaba observando por el espejo, esperando a que yo le mirara, esperando y esperando. En ese momento, amigos lectores, ella quitó su mirada del espejo con desprecio, es decir me apartó su mirada como aviso de que no la mirase más. Ella se sentia demasiado bella para que un hispano de mierda como yo, negro, y feo, con roña por todos lados, se fijase en ella. Ella esperó y esperó ese momento con ansia, esperó a que le mirara para apartarme la vista, para sentirse como una belleza a la cual un tio salido mira con deseo. Era tan creida que se puso a peinarse a propósito delante mia para forzar esa situación.
Por mi parte todo fue normal, no le hice mucho caso, ni siquiera lo pensé en ese momento. Sólo fue una mirada perdida de no saber a donde mirar. Es cierto que estaba buena, pero me caia tan mal, que no me apetecia ni mirarla. Más tarde pensando en el pasado me di cuenta de lo que significó aquel desprecio que ni me fue ni me vino.

Tuesday, December 21, 2004

El Huevo y la Seta

En la historia del autobús os disteis cuenta de como era la gente con quien en aquellos momentos me estaba codeando. ¡Todos eran malos!, unos falsos, con unos aires de superioridad frente a otras culturas, como la nuestra. Para ellos somos unos "pieles morenas" e incluso tienen una palabra para decir eso que ya no recuerdo cual era. ¡Hijos de puta!. Nunca habia sentido como era el racismo. Me senti como cuando los españoles racistas dicen: ¡ahi va el negro!, o ¡ahi va el moro!. ¡Serán cabrones!, si allí habia gente más morena que yo. Era una excusa para sentirse superiores, como todo maldito racista del mundo.

A continuación os contaré la historia del huevo y la seta, es una historia muy light, nada del otro mundo, pero os arrimo a la verdadera personalidad de Heather. Heather era la novia loca de mi compañero de piso. Ella vivia con su novio a sus 18 años y su única obsesión era precisamente eso, su novio. Nada le importaba en el mundo, excepto su infiel novio. Su madre vivia en Florida y su padre un tipo extraño parecido a Mick Jagger con el pelo más negro que el tizón trabajaba allí en el Club de Golf como todo el mundo. Era una chica muy muy hermosa, alta, con el cabello muy largo y rubio, pechos enormes, figura esbelta y llena de curvas, unos preciosos y enormes ojos azules, nariz chata, boca grande, y según palabras textuales de su novio "follaba de puta madre". La locura a la que me refiero en esta chica es muy común en ciertas personas, lo cual nos lleva a indagar que no se trataba de un verdadero transtorno psíquico, pero para mi lo era. Se trataba de la hipocresia, el cinismo, la falsedad, y el odio, todas las caracteristicas que describian a aquella hermosa chica.
La historia comienza cuando un precioso dia de aquel verano decidi irme al campo a dar una vuelta, para ver como eran aquellos parajes. El sol radiaba como pocas veces lo hacia en Inglaterra y un calorcillo recorria mi cuerpo incitandome a salir de mi apestoso y lúgubre Lodge. Como vivia en medio de una carretera al principio tenia que andar por una especie de acera a un lado de la road hasta llegar al campo. En realidad todo era campo, pero al principio estaba vallado, eran o huertos o zonas privadas, así que seguí andando en busca del campo perdido. La carretera era recta y no habia montañas, ¡imaginaos!, andando y andando y todo igual, fincas privadas, carretera, y nada más. Miraba a lo lejos y sólo veia lo mismo. Me di cuenta de que allí todo era privado, hasta el puto campo, ¡joder eran unos cabrones capitalistas!, y lo explotaban todo al más puro estilo inglés. Al fin después de andar bastante, encontré un pequeño trozo de tierra entre dos parcelas. No era de nadie, no se encontraba vallado y se adentraba por el bosque hasta limites que no podia sospechar. Eso me encantaba, aunque el espacio era tan estrecho que alli no cabria ni un coche, y solo se adentraba en forma de tubo. Di unos cuantos pasos y descubri con mucho pesar que seguia siendo más de lo mismo. Estaba vallado, todo era privado, toda la puta Inglaterra es privada, y no se puede mear ni cagar en el campo. Me quede alli un rato para disfrutar frustrado de la vida en la naturaleza si se le podia llamar así, mirando las plantas, los árboles, los pájaros, etc. y resulta que me encontré un huevo. ¡Sí!, allí estaba el huevo, muy muy blanco, más chico que el típico huevo de gallina pero más grande que el típico huevo de pajarillo, y estaba posado en el barro al lado de un árbol, allí solitario, sin nada alrededor, como si estuviese puesto por alguien a propósito. Pensé que se trataba de un huevo de paloma que se habría caido del nido de ese árbol de al lado así que me dije a mi mismo, ¡joder, lo hago frito, y a ver que tal están los huevos de paloma silvestre inlgesa!. Así que me fuí, pero antes de salir del pequeño trozo de tierra con plantas, porque no se le puede llamar de otra manera, me encontré una seta muy bonita en un tocón de un árbol. Parecia un rebozuelo, o mejor aún una seta de cardo, o otro tipo de Pleurotus como el ostreatus, una seta muy apreciada en gastronomía aqui en España. Así que me la llevé. Aclarar que en España me crié en el campo y todos los inviernos recogia setas en mi pueblo, Villaviciosa de Córdoba, y que además soy aficionado a la micología.
Estaba ya en el Lodge cuando iba a preparar setas con huevo de paloma y pensé que era mejor preguntar a Phil, mi compañero de piso, por la inocuidad de la seta. Le pregunté, pero solo saque de él una risa burlona diciendome: ¡No!, ¡no!, ¡no!, la setas son venenosas jajajjaa. Le insistí si conocia esa especie en concreto, y no en las setas en general, pero volvió a decir lo mismo. Recordé entonces una conversación que tuve con él, de las pocas que tuve porque Phil pasaba de todo el puto mundo, su mundo era él y él mismo, sin amor ni amistad. Era sobre Arañas. Decia que las arañas de Inglaterra eran venenosas y que si te picaban podias ir al hospital. Yo incredulo le pedi que me enseñara tales arañas y me las mostró. Eran las típicas arañas estas de tierra parecidas morfologicamente a tarántulas. Le dije que esas arañas también las habia en España y que no hacian nada. Pero claro él llevaba razón porque era inglés. Recordando esto me di cuenta de que no tenia ni puta idea. ¡Que iba a saber de la naturaleza un puto inglés pastillero que trabajaba de sol a sol en la mierda de Club de Golf desde los 16 años y sin haber ido nunca al campo pues allí no existian!...nada. Heather estaba al loro de nuestra conversación, y de repente se entrometió diciendo que estaba loco, pero permitiendo que me comiese aquellos frutos del campo a riesgo de ser peligrosos. Sólo se llevó a su novio de mi lado para que no siguiera dándome consejos diciendome que yo era malo y estaba loco. Esta historia del huevo y la seta se añadió a su cupo de metiras sobre mi estado mental que esta chica se dedicaba a propagar por el Club de Golf y por toda Inglaterra, desde que comenzó en la historia de las cartitas, ¡sabe Dios lo que diria de mi por el huevo y la seta!, sólo recordé lo que montó con las cartitas que escribí y las mentiras que dijo. Pero esa es otra historia que descubre la verdadera maldad de Heather, maldad que afirmaba toda persona que la conocia allí en Mere e incluso por su novio Phil, que además la ponia de pirada.

Historia del autobús

Verano del 2002, Manchester, Mere una pequeña zona a 30 minutos andando sin bolsas de la compra llenas de leche de Knutsford un típico pueblo inglés, es decir 4 calles, pero mucha zona residencial en pleno corazón de la isla a 40 km de la gran ciudad The Greater Manchester.
Yo vivía en un Lodge con forma de puente y a través de mi casa pasaba una pequeña carretera que nos adentraba en el recinto del Club de Golf donde trabajaba como un negro o como un hispano medio moro que era yo. Mi habitación estaba en lo alto de la carretera y se accedia por una especie de escaleras lúgubres de caracol al estilo trainspotting. Vivía con un chaval inglés muy muy cabrón y con su novia loca, que odiaba a todo el mundo, ya fuera negro, chino, español, o inglés.
Acontecieron aquellos dias muchas historias para no olvidar, pero empezaré por algo suave como por ejemplo La Historia del Autobús. La historia del autobús es una introducción que trata de explicar como era allí la gente, es decir su carácter, y sus intenciones. No es una metáfora, sino que empleo una técnica directa en contarlo. Pasó así: Como vivía en un Lodge aislado en el campo y se tradaba media hora en llegar hasta el pueblo, a veces me preguntaba como poder llegar hasta allí, de que otra manera podría hacerlo. Mi compañero de Lodge y sus amigotes siempre iban en coche o pillaban un taxi, cosa que o yo no tenia o no me podia permitir, pues eran 5 libras. Yo ganaba muy poco y tenia que trabajar unas horas para ganar ese dinero, por lo cual no me era rentable. Harto de cavilar pregunté si habia autobuses a una de las managers, Jane, una gorda impresionante que media casi dos metros, y me dijo que no lo sabia. ¿Cómo no iba a saber eso la puta foca inglesa?, ya empezé a mosquearme. Me dijo, para disimular que lo preguntaria y que ya me lo diria, cosa que nunca cumplió. Volví a preguntar a más gente y me dijeron que no habia autobuses, así que perdi la esperanza. En ciencia cuando todos los experimentos apuntan a la falsedad de una hipótesis quiere decir que esta no es correcta, y eso precisamente es lo que estaba pasando. Todas las pruebas apuntaban a que no habia autobuses. ¡Joder no todo el mundo iba a mentir!. Así que olvidé lo que dijo Jane, la gorda infernal, y me olvidé de mi propósito, así que durante un mes estuve llendo al pueblo tres veces por semana a hacer mis compras. Mi alimentación se basaba en leche y arroz, como si fuese un puto gato chino, así que volvia con un cargamento de bolsas en cada mano. Tardaba en volver una hora, es decir el peso de las bolsas consumia un trabajo biologico que antes empleaba en caminar. Me ralentizaban y perdia mucha energía. Al llegar al Lodge soltaba las bolsas y no podía doblar los brazos. ¡Tanto sufrí!. Pero es que además la pérdida no solo era de energía, sino de tiempo, pues pasé todos mis dias off llendo a comprar, en lugar de irme a descubrir cosas nuevas. ¡Malditos ingleses!, me dije cuando un dia en knutsford descubri que pasaban autobuses todos los dias.

Friday, September 03, 2004

Tarifa

Como era costumbre en mi desde hacía ya algunos años, los veranos los empleaba en realizar mis viajes, mis conquistas y en agrandar mi imperio. El verano del 2004 no podía ser menos, y no podía permitir perder mi preciado tiempo en mi maldito pueblo donde sólo hay retruecanos y ceporros. Mi idea principal no era el viaje, sino eliminar la opción de irme al pueblo, de manera que fui al Decanato de la universidad y me incribí para poder realizar unas prácticas en el hospital de Córdoba. Sin embargo alguien más inteligente que yo, o al menos con mejores notas me quitó el puesto (resultó ser la exnovia llorona de un buen amigo mio que le trajo por el camino de la amargura, como es común en la tias, y resultó que también me trajo la amargura pero en este caso quitándome las prácticas). Todo parecia indicar que aquel verano iba a joderme en el pueblo, y uno o dos meses de mi vida iban a ser desperdiciados como la basura más asquerosa y repugnante que un basurero haya podio albergar en sus sucios senos, pero resultó que no fue así.
Como por arte de magia, de repente y cuando casi todo el mundo ya tenia elegidas sus prácticas se incluyó una nueva práctica excepcional en la lista, prácticas en Tarifa, que iba sobre algo relacionado con los cetáceos. ¡Genial me dije!, ¡joder!, me voy a Tarifa, a la maldita playa, a la cuna del surfing donde un montón de tias me esperaban ansiosas, rubias surferas americanas, tias en topless supersimpáticas, y además aventuras con cetáceos, eran mis putas vacaciones.