Friday, September 03, 2004

Tarifa

Como era costumbre en mi desde hacía ya algunos años, los veranos los empleaba en realizar mis viajes, mis conquistas y en agrandar mi imperio. El verano del 2004 no podía ser menos, y no podía permitir perder mi preciado tiempo en mi maldito pueblo donde sólo hay retruecanos y ceporros. Mi idea principal no era el viaje, sino eliminar la opción de irme al pueblo, de manera que fui al Decanato de la universidad y me incribí para poder realizar unas prácticas en el hospital de Córdoba. Sin embargo alguien más inteligente que yo, o al menos con mejores notas me quitó el puesto (resultó ser la exnovia llorona de un buen amigo mio que le trajo por el camino de la amargura, como es común en la tias, y resultó que también me trajo la amargura pero en este caso quitándome las prácticas). Todo parecia indicar que aquel verano iba a joderme en el pueblo, y uno o dos meses de mi vida iban a ser desperdiciados como la basura más asquerosa y repugnante que un basurero haya podio albergar en sus sucios senos, pero resultó que no fue así.
Como por arte de magia, de repente y cuando casi todo el mundo ya tenia elegidas sus prácticas se incluyó una nueva práctica excepcional en la lista, prácticas en Tarifa, que iba sobre algo relacionado con los cetáceos. ¡Genial me dije!, ¡joder!, me voy a Tarifa, a la maldita playa, a la cuna del surfing donde un montón de tias me esperaban ansiosas, rubias surferas americanas, tias en topless supersimpáticas, y además aventuras con cetáceos, eran mis putas vacaciones.